Cómo sobreviví a una galleta integral
Bloggunos…
…He estado a punto de morir. Hoy me he sentido como George Bush aquel día que vio pasar toda su inútil vida en cuestión de segundos a cuenta de un pretzel (filtro LOGSE= galletita salada, lacito, preguntadle a Matías). Pero, al igual que George, sobreviví para contarlo.
Hoy estoy aquí para señalar con el dedo a las culpables de todo; aquellas que nunca debieron ver la luz del día por el bien de nuestra digestión:
LAS GALLETAS DEMASIADO INTEGRALES.
Fijaos que he puesto hincapié en “demasiado”. Empezaré desde el principio, como siempre.
Mi madre, como todas las madres (cada una con su estilo propio y nivel determinados), me hace comer de todo a todas horas para quedarse con la seguridad de que no me voy a morir de hambre. Como ahora vivo en Málaga, la distancia le impide perseguirme cada tarde con un colacao en una mano y un plátano en la otra. La solución: “Mamá Nutriente” me manda la comida. Con un superpoder como ése los kilómetros no le suponen un problema. De hecho, ahora mismo tengo acumulados tres botes de café (bombón, capuchino y normal), bolsitas de té, pistachos, almendras, leche condensada, leche en polvo, azúcar, palmeritas y unas galletas integrales.
No sé realmente por qué decidió mandarme galletas integrales, pero lo hizo.














































